Volumen XXI - Nº 92
Julio/Agosto 2010
Dossier: “PSICOGERIATRIA REVISITADA”
  • Daniel Matusevich
    Coordinación

Nuevamente VERTEX vuelve a publicar un dossier atinente a la psicogeriatría, en este caso a través de la propuesta de revisitar una serie de temas de importancia fundamental, no solo para el clínico atento a las modificaciones de un campo en permanente proceso de crecimiento, sino también para el lector interesado en interiorizarse acerca de las variaciones de una subespecialidad atravesada por múltiples vectores de interés, donde la multidisciplina es más la regla que la excepción.

En un trabajo previo, aparecido en esta misma revista, propusimos el concepto de imaginación psicogeriatrica , para tratar de dar cuenta de la necesidad de atención de los viejos del nuevo siglo. Dichas necesidades serían contempladas por la matriz disciplinar que constituye la moderna psicogeriatría, que toma en cuenta no solo las variables biomédicas a la hora de diseñar los diferentes modelos de atención del adulto mayor o a la hora de pensar en las diferentes cuestiones psicopatológicas, sino que también incluye de manera central los aportes provenientes de las ciencias sociales (filosofía, antropología, sociología) puestos en tensión tanto con las contribuciones provenientes del psicoanálisis como con aquellas definidas por una vertiente más cognitivista o conductual. En el artículo anteriormente citado rescatamos como complemento del marco teórico explicitado lo que dimos en llamar “oficio del psicogeriatría”, entendiendo por tal el arte y la ciencia de acompañar a los diferentes modelos de envejecimiento y a sus familias con intervenciones que surjan de una genuina usina multiteórica, única manera de poder abarcar las complejidades que nos opondrán las diferentes vejeces.

La vieja gerontopsiquiatría o psiquiatría geriátrica no está capacitada para poder responder o dar cuenta de estos laberintos, debido a que su impronta es pura y exclusivamente médica, con lo que sus limitaciones serán evidentes a poco de andar, dejando aspectos y matices a la sombra para condenar, por consiguiente, a los pacientes a ser prisioneros de reduccionismos y de respuestas estereotipadas.

Entrando de lleno en este número, los lectores de los dossiers anteriores rápidamente tomaran nota de que contenidos como la depresión, el suicidio, la psicoterapia, el dolor, la narración o la enfermedad bipolar no constituyen en sí una novedad o “lo último”; la decisión editorial en este caso ha sido la de convocar a autores comprometidos y compenetrados con dichos temas para que los enriquezcan con su experiencia, su erudición y sobre todo con una mirada particular que sea capaz de revelarle al lector aquellas claves que ayuden a que el mismo pueda ampliar sus horizontes epistemológicos a través de la profundización y la lectura crítica.

Javier Benchimol nos presenta de manera amena y documentada el dilema constituido por el llamado Síndrome de Diógenes, entidad difícil de asir que cabalga entre la organicidad y la etiología sociológica. El autor sostiene que el cuadro incluye tanto la personalidad del paciente como la vulnerabilidad social, el deterioro cognitivo y el medio ambiente, quedando configurado de esta manera un panorama de enorme complejidad que escapa a cualquier intento de simplificación y requiere, para su correcto diagnóstico y tratamiento, de una tarea multidisciplinaria (médicos, psicólogos y trabajadores sociales construyendo un pensamiento superador que una los bordes de cada una de las disciplinas mencionadas).

La enfermedad bipolar sigue y seguirá ocupando las mentes de algunos de los clínicos más lúcidos de nuestra época, con sus matices biológicos, psicológicos, psicodinámicos y psicoeducativos en permanente interacción; cuando hablamos, entonces, de esta enfermedad en el mundo de los adultos mayores son múltiples las preguntas que salen a la luz concitando nuestra atención e interés: cuál es la frecuencia de la enfermedad, cuándo se instala, cómo es su clínica, cuáles son los tratamientos eficaces y, sobre todo, seguros. Estas y otras cuestiones son respondidas en el trabajo de la Dra. Monczor con erudición y sencillez, sin esquivar ninguno de los puntos que puedan ser de utilidad para el psiquiatra; vale la pena detenerse especialmente en el apartado dedicado a los tratamientos biológicos, donde el estado del arte de la cuestión es englobado en toda su magnitud.

Mucho se ha escrito acerca de las relaciones entre patología depresiva y el proceso de envejecimiento, pero a pesar de dicha contundencia bibliográfica son pocas las conclusiones definitivas que se han podido extraer hasta el día de la fecha. Las dudas existentes en torno a esta cuestión autorizan a los diferentes grupos de trabajo a persistir en la elaboración de aportes que desmitifiquen el viejo apotegma que equipara vejez con depresión o que colaboren en la detección de ancianos atrapados en las redes del suicidio.

Los programas de manejo de depresión, a través de una compleja tarea multidisciplinaria, son intentos válidos para disminuir los efectos que dicha patología produce en los viejos más vulnerables. Schapira y colaboradores describen el trabajo que vienen realizando hace ya varios años en el Hospital Italiano de Buenos Aires y analizan los resultados preliminares de su investigación, que plantea una clara apuesta a mejorar la calidad de vida y a disminuir la medicalización de los pacientes.

La profundización en el dolor y sus múltiples aristas es una de las “modas” vigentes en el panorama psiquiátrico contemporáneo; hasta la industria farmacéutica, siempre atenta a la posibilidad de encontrar nuevos espacios de despliegue, ha dedicado bastante espacio a la relación existente entre depresión y dolor desarrollando antidepresivos específicos que, justo es decirlo, no han cumplido con la expectativa despertada. Desde un marco más relacionado con los aspectos sociales y antropológicos, aunque sin desdeñar los aportes biomédicos, Hugo Pisa disecciona al dolor en la consulta psicogeriátrica, teniendo la audacia epistemológica de relacionar a Le Breton con Lispector y con el DSM V.

El proceso de envejecimiento ha sido tradicionalmente estudiado y analizado desde diversos ángulos, aunque tal vez el modelo narrativo ha sido históricamente dejado de lado. El Dr. Ricardo Iacub avanza en la cuestión planteando una articulación posible entre identidad narrativa y envejecimiento a través de un elaborado recorrido teórico y de viñetas clínicas que actúan como mojones en el camino de la integridad personal a través de los relatos de vida.

Por último, Daniel Matusevich se vuelve a ocupar de la problemática del suicidio en aquellos que van envejeciendo, esta vez presentando un estudio de caso que toma como eje articulador a la última obra publicada por el escritor Philip Roth: “La Humillación”; es entonces, a través del análisis de una historia de vida en clave del narcisismo de la misma, que el autor va hilvanando detalladamente cada uno de los puntos centrales del suicidio en la vejez: soledad, aislamiento, depresión y dolor crónico van tejiendo una trama de significados que pasa de lo personal a lo universal, tomando en cuenta la vieja frase acuñada por el padre de la suicidología, Edwin Shneidman: “hablar de suicidio es hablar de prevención”.


  1. Tomando como fuente de inspiración el concepto de imaginación gerontológica planteado por Kenneth Ferraro en Gerontology, Perspectives and Issues, Spinger Publishing Company, 1997.
  2. Matusevich D. La psicogeriatría en las instituciones geriátricas: una tierra de oportunidades, aparecido en VERTEX, Revista Argentina de Psiquiatría 2007, vol. XVIII, 431-437.
  3. Ver Geriatric Psychiatry, Whats New About the Old, Martin R. The Psychiatric Clinics of North America, 1997 o Psiquiatria Geriatrica Aguera Ortiz L., Carrasco M., Masson, 2002.